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jueves, 11 de marzo de 2010

Y es que así ando, hundida.
Tan profundo, pero aparecés vos y decís:
¿ Qué distancia hay desde el cielo a mi cama?
Porqué. Yo te pregunto porqué querés saberlo. No te das cuenta que es prontísimo para que me dejes aquí? Hundida, te lo repito.
Hace frio, está gris afuera y vos solo me preguntás por el cielo.
Y como hago yo para no amarte? Si venís y me envolvés con mariposas, esas que salen solo de vos. Sos tan maravilloso.
Otra pregunta me hacés.
¿Porqué las personas se casan y después se olvidan?
Acáso me estás jodiendo? Yo no quiero saberlo y vos sabés que tampoco.
Y es que ya te estoy extrañando y una brisa me quita el aliento y me recuerda que vos querés que yo sea feliz.
Si, pero te digo de nuevo: Ya te estoy extrañando.
Creo que prefiero estar acá lejos y cerca a la vez.
Si, definitivamente el cielo y tu cama son lo mismo abuelo.

sábado, 20 de febrero de 2010

-Y me sentí atravezada por tanto aire que el sonido se convirtió en luz-

Facundo reclamaba piedad y suplicaba ternura. Sólo eso. Un poco de su paz. Quería toda su naturaleza y más. La quería tanto que no podía dejarla ir. La deseaba tanto que prefería verla morir. Anhelaba que fuera la mañana para poder dejar de pensar en aquello y que la luz del día le diera claridad.
Necesitaba libertad, necesitaba del azul del mar y la soledad del desierto. Quería morir, al menos por un rato. Morir y regresar. Regresar y enterrar todo el mal del mundo. Quería sonreír. Quería sentir.
Quería vivir.
Despertó y entendió que amar nunca había sido tan claro.

domingo, 14 de febrero de 2010

Chocolate por la noticia, a veces.

Te repetis tantas veces las cosas que sentis que la cabeza explota.
Te mirás las manos y te acordás, ya lo dijimos: TODO.
Entonces ahí es cuando te odias un poco, tenés ganas de gritar y echarle el gato al vecino. Luego viene la paz acompañado con lágrimas saladas. Escuchás una canción y salís a bailar. Te da vuelta la cabeza y reís a más no poder. Sos feliz.
Pero, siempre un pero no?
Pero, te levantas a la mañana siguiente y lo único que quieren hacer tus manos es pintar. Pintar hasta sangrar y que ese color rojo te inváda hasta los ojos, cosa de no ver más. Y querés un montón y así CADA VEZ MÁS-
Nos sentimos cualquiera. Ahora encuentro esa palabra.
Encontramos la palabra pero no basta. Lo importante es encontrarse uno.

martes, 29 de diciembre de 2009

Su alma.


comenzaba la mañana y ella se soltaba el pelo y lo peinaba con suavidad, se hacía un jarrito de té, ponía The Beatles en el equipito nuevo que le había comprado su papá y comenzaba a escupir palabras. Las escupía como si se estuviera atragantando con galletas. El cielo estaba gris y los perros fuera ladraban con furia. Ella todavía creía en las tormentas y se esmeraba en escupír rayos. Le encantaba la manera en que se veía su cara cuando estaba concentrada para aquéllo.
Escuchaba el olvido, la lejanía de su madre, y la voz de su padre diciendo: en mal tiempo, buena cara.

¿Qué había pasado en su alma?

La luz comenzaba a filtrarse por su ventana. Era tan bonita la vista por esas horas. Y recordó la vez primera de ese encuentro, y volvió a escupir palabras.
Se acordó que tenía un pedazo de chocolate guardado en el cajón y lo sacó. Lo comío lento y pensó en su tía. Que vieja estaba ya, y como la extrañaba. Ella que le contaba cuentos fantásticos y que le traía sus golosinas preferidas.
Volvió y escupío nuevamente.
Pensó en descansar un poco y salió al patio trasero de su casa, el cielo estaba gris y el viento susurraba a su alrededor. Había olvidado lavar su ropa y su papá se enfadaría, pero no, no tenía ganas. Tenía ganas de que una gotita cayera en su pie y que el río se la llevara lejos, un rayo de sol apareciendo le sacó un suspiro y cayó bajo el árbol violeta de su casa.
Se alejó de todo y sonrió. Le encantaba sonreir.

Buscó en su corazón y encontró una mirada.
[deesonoqueriaolvidarseylojuróporsumamá]

lunes, 7 de diciembre de 2009

Dia dos

Mientras se hacía su taza de café habitual pensaba en llamarla. No estaba seguro.
Puso música triste e intentó recordar como era la vida sin ella. No pudo hacerlo, se negaba totalmente. Se entregó rápidamente a la idea de amar a alguien. Y en eso marcó su número.
- Hola, Adriana?
- Si, José?
- Soy yo.
- Tengo miedo José.
- No te preocupes, somos dos.

[ fueron a tomar un helado y juraron ser amigos para siempre aunque no se terminaran casando como en ese instante lo estaban deseando]